Las fronteras entre el arte y el diseño

 

 

El arte y el diseño son conceptos que se relacionan íntimamente, pero no se puede decir a ciencia cierta cuáles son las fronteras de cada uno. La pregunta recurrente entre estos dos quehaceres es hasta dónde el diseño se puede considerar arte y en qué punto el arte se convierte en diseño. Lo cierto es que los dos requieren de un arte y de configurar ideas.

Algunos diseñadores suelen considerar su profesión como exenta de las tragedias de un “artista”. Incluso para evitar caer en tales marañas –el hambre del pintor no es fácil de sobrellevar- se mantienen lo más alejados posible de las diatribas y rabietas de los llamados oficiantes tradicionales de óleo, paleta y pincel, también de los más reacios defensores de la impostura del arte contemporáneo; así, pegados a las pantallas, sienten el refugio abrigador del algoritmo, el apapacho del pincel digital.

Además, y esto sí es triste para los tradicionales embarra-mantas, el diseñador vende su trabajo, muchas veces vive de él, aún como negro de la industria publicitaria él tiene con qué defenderse en un sistema que desdeña la utopía y peor: la persigue furibundo.

Aún con esta distinción los márgenes son siempre fugaces e inquietos, toda barda es franqueable porque nace de la envidia y del egoísmo. De tal forma arte y diseño coquetean entre sí, el primero le da razones, le explica procesos, lo nutre de discurso, el segundo entra en materia de inmediato, se adapta al mundo circundante.

Luego arte se harta y se ufana de radical y marginado, corre a los pies del coleccionista para ofertarle el último trozo de su miseria de genio trágico, mientras diseño le juega una broma retórica y le vende holgado un refresco por el color de la etiqueta.

Lo que resulta es un velo descorrido, el diseñador es el ilusionista de la corte, el artista su bufón.

Pero más allá de metáforas, durante muchos años se ha mantenido el debate sobre los vínculos entre el diseño y el arte. Lo que sí es un hecho es que ambos necesitan de creatividad y talento, pero se separan generalmente cuando el diseño se convierte en una herramienta para el mercado, cuando el diseñador se encuentra a la orden de quien le hace un encargo específico que atiende necesidades de producción o publicidad.

El arte se supone que es más espontáneo, no busca servir para nada, el diseño sí. Si un diseño no encuentra su lugar sirviendo para algo no tiene razón de existir, en caso contrario estaríamos hablando de algo más cercano al arte, pero la discusión sobre estos dos términos permanecerá en tanto sigan existiendo.